Tuesday, October 18, 2011

La parada de Hornbach

Debido a mi conocimiento casi nulo del alemán, he regresado con todo y mochila a la escuelita de idiomas. Muy contenta, martes y jueves me levanto a las 06:30AM para tomar mi camión, hacer un transbordo y llegar a tiempo a las 09:00AM a la Volkshochschule o Escuela del pueblo, si queremos ser ortodoxos en las traducciones. Generalemente hago una hora para llegar dado que decidí ir con el populacho en la ciudad vecina llamada Essen. Tiene más caché.

Después de la clase en donde mi vecina de origen chino me pega en el hombro o en la pierna cada vez que alguien se equivoca, acierta, se ríe, llega o se va, dice un chiste, platica sobre el clima en su ciudad de origen o hace lo que sea, me voy de nueva cuenta a la estación central de Essen a tomar mi camión de regreso. Entro al camión, paso mi abono en un ojo electrónico muy moderno y de repente, ZAS! Ahí está. Otra vez. El guero del Kufi, el gorro musulmán.



La primera vez que me subí al camión para regresar a la casa, se hizo notoria esta persona con el Kufi debido a que traía en la mano una bolsa de plástico y se encontraba leyendo unas tarjetas Rolodex con inscripciones en árabe o, perdonen ustedes la ignorancia, algún idioma que no utiliza el alfabeto romano. Como el cine Hollywoodense, CNN, Ridley Scott, Das Erste, n-tv y otros medios de comunicación nos han instruido que cualquier hombre con una bolsa de plástico puede traer una bomba, yo dije, mejor le voy a echar un ojo a éste. No sólo trae una bolsita de plástico de Aldi (supermercado baratísimo europeo), sino que también está leyendo algo en árabe, trae el gorrito, estamos a 35C y él trae un batón de mezclilla con botas negras y levantó la ceja para saludar a otro compa pelón que subió al camión, igual de raro, pero sin el gorro. Nooo Olivia, no seas prejuciosa. Seguro trae el super o una torta de huevo en la bolsa y es un investigador de la lengua árabe por eso está leyendo esas tarjetas. Clarooo!

Bueno, decidí leer mi librito de Murakami y no prestar más atención a nimiedades. Pero como mi vena latina puede más que mi novela, no pude evitar ver que se bajaban el guero y el pelón en una parada llamada Hornbach. Como paréntesis, Hornbach es una tienda donde venden artículos de construcción, digamos, un tipo Home Depot. Se les quemó el cerebro al idear el nombre de esa parada. En ese lugar hay unas naves industriales, un taller mecánico y un puesto de salchichas Currywurst. Y, claro está, el Hornbach. Nada más. La cosa hubiera llegado hasta ahí. Pero no.Ellos se bajan y siguen su camino y nunca más los vuelvo a ver. Pero no fue así.

Eso fue un martes. El jueves siguiente ahí estaban los dos. Vestidos de la misma manera, con la misma bolsa y las mismas tarjetas Rolodex. Llevo ya un mes en mi curso y ellos me han acompaniado desde entonces. Siempre se suben en la estación central de Essen y siempre se bajan en Hornbach. Nunca han cruzado una palabra, pero se hacen reverencia al verse y se van juntos, aunque siempre se sube primero el guero y luego el gordo pelón. Me he visto en mis pensamientos intercambiando la bolsa de Aldi para ver qué hay dentro, encontrando documentos im-por-tan-tí-si-mos en un idioma completamente desconocido para mí, viéndome forzada a desistir de mi plan maestro de salvar al mundo por mi ignorancia del árabe. También he pensado que a lo mejor solo trae unos huesos de durazno y unos Kleenex y un popote usados

Estarán haciendo una conspiración desde Bottrop?  Estarán pensando construir una mezquita en donde está el puesto de Currywurst? Son hinchas de Dortmund y quieren destruir el estadio Veltins de Schalke? Muchas preguntas, pocas respuestas. Yo estaré al pie del ca~ón reportando cualquier actividad inusual que éstos dos tengan, con una pausa de dos semanas porque hay vacaciones de oto~o. En una ciudad tan chica como ésta, la mejor distracción es la imaginación.

Saturday, August 6, 2011

A veces me siento y escribo...

No sé si les pasa, pero van caminando por la calle o en el coche o en el metro o en donde sea y se percatan de una situación o persona peculiar y dicen "tengo que escribir de esto a como dé lugar". Yo saco la Moleskine que en esa ocasión haya metido a mi bolsa (tengo más de 5) y escribo el dato. Muy pendejamente, he de confesar. Aquí un ejemplo: "Señora con zapatos" o "Tortillas dulces" o "Vendedor tratando de ligarme". Más tarde, cuando los leo, me quedo pasmada. No les entiendo y el hecho en sí, lo recuerdo, pero me remonto a las imágenes y a la circunstancia por la que decidí que ESE era un momento para escribir sobre ello y, honestamente, se me hace paupérrrimo el concepto. Le doy miles de vueltas y no, decido que no vale la pena.

Pero ahora que tengo más tiempo para organizar mi mente en este pueblo, el cual ya recorrí la mitad a pata y en bici, me pegó durísimo mi situación -¡Por Dios Olivia, estás loca, qué haces aquí!- Tuve una especie de sacudida. Porque así son los pueblos. Te enfrentan. Aquí la "Señora con zapatos" es una anciana de 85 años en silla de ruedas eléctrica. No hay "tortillas dulces" y el "vendedor tratando de ligarme" es también un anciano de 85 años. No hay shows, no hay dramas, no hay grandes escenarios urbanos. Me enfrento a algo que nunca en mi vida había experimentado: la calma. Total y absoluta calma.

Como ven, tengo tiempo de escribir y de hacerme presente en el mundo del blog. Porque me ha sucedido que todo lo que veo y siento, me dan mil ganas de escribir sin usar mi clásica Moleskine. Sin usar mis "claves" cebas. Quiero que ustedes vean este mundo a través de mis ojos y que sientan lo que mi corazón siente. Que este mundo en donde ahora vivo, lejos de asesinatos a sangre fría, ambulancias; apartado de ruidos urbanos y de luces de neón, me inspira y me hace poner los pies sobre la tierra. Sin intoxicarme con falsas promesas ni con marquesinas de colores, me dice que mi realidad es ésta, la tomo o la dejo. Y me hace revisar todos y cada uno de los momentos en mis últimos 37 años que me han traído hasta acá. Emocionante y a la vez, terrorífico.

Y nada, hoy me senté y escribí...hoy estoy aquí, mañana no lo sé...hoy lo amo, mañana no lo sé.



Wednesday, August 3, 2011

Unfaithfully yours...

Estoy esperando, paciente, a que mi hígado me cobre la factura. Tarde o temprano llegará, de eso no me queda la menor duda. Y no es precisamente por el alcohol, que ciertamente, he consumido en grandes cantidades. Mea culpa. Esta espera en la antesala de las enfermedades es porque soy culpabilísima de tomar una gaseosa que me tiene enganchada desde hace 2 décadas: Cola dietética. Llámenle Coca Zero -mi favorita- o Coca Light, he tomado haaarrtos litros de ella. Y no me arrepiento.

Claro que desde que llegué a Alemania, he tratado de dejarla porque es particularmente cara. Supongo por los altos impuestos que paga la refresquera o nomás por joder al prójimo. Si, como periodista gastronómica debería de saber. Pero no. Lo siento. No lo sé. Sin embargo, me fascina y la sigo disfrutando como pocas cosas en la vida. Hasta que...otra bebida ha tratado de tomar su lugar. A esa, que me aparta de ti, que me roba tu tiempo, tu alma y tu cuerpo ve y dile -qué quieres?- que regreses con tu fiel Coca Zero? Cómo se llama "la otra"? Cómo la conociste? Bueno, pues no es fácil decirlo.

Ya la había probado y no me había causado gran emoción o sorpresa. Me supo, digamos, insípida, aburrida. Claro, escogí el sabor equivocado...en la segunda ocasión la tomé roja, sabor Holunder (en español, sáuco). La bebida? Se llama Bionade. Y confieso, la amo.

Hago notar, estimado lector, que en Alemania existen otras marcas aparte de Coca-Cola y Pepsi que han logrado dominar el mercado resfresquero. Así como en su tiempo el Boing de guayaba fue lo de hoy, la Fritz Cola con sus 25mg de cafeína por 100ml es muy solicitada, al igual que el Club Mate y, por supuesto, mi perdición: BIONADE. 100% orgánica y con estándares muy estrictos para su elaboración, esta bebida tiene la garantía de que los procesos de elaboración son biológicos y el sabor es único. La verdad, me trae loca.

Pero como todo, me la llevo leve porque lo que no mata, engorda y pues mi dosis es de 2 a la semana -cada Bionade contiene 66 calorías-. Los demás días me tomo mi Coca zero de rigor. Pero me reclama. Me hace sentir culpable de que ya no le soy fiel al cien. Ahora me siento a escribir en este pueblito tranquilísimo con mi Bionade en lugar de con mi Coquita. Pero eso si, por más orgánica que sea, sé que mi factura del hígado está en revisión.

Les comparto una foto de "la otra".

Wednesday, July 13, 2011

Grapes at my garden

En menos de 2 años llevo 3 mudanzas, dos de ellas en Berlín y esta última a una Ciudad al oeste de Alemania llamada Bottrop. Como referencia, estoy a 45 minutos de Colonia y a una hora de Düsseldorf.
Se han de preguntar -¿Cómo llegó Olivia allá?- Ni yo misma lo sé. Seguí mis instintos, dejé México, apunté hacia Berlín y ahí me encontraba yo; en una ciudad que nunca antes había estado, con gente que no había intimado, con un lenguaje nunca antes estudiado y con costumbres desconocidas para mi. Me recuerdo en esos momentos y me sorprendo de mi fuerza y mi ignorancia supina. Tan era así que no estaba ni medianamente preparada para el invierno más duro que había azotado a Alemania en los últimos 15 años...en diciembre de 2009 estuvimos a -29C. En mi vida había sentido semejante frío calándome hasta lo más profundo de mi ser. También fue un invierno en el que estuve muy de mal humor, la pobre de mi madre que me visitaba en esos momentos, tuvo que padecerlo. Ni modo, yo igual he padecido sus menopausias.
Pero, finalmente, después de muchos tropiezos amorosos y de estar totalmente decepcionada del ser humano, Thorsten y yo coincidimos en nuestro paso por la vida y la cosa terminó en enamoramiento total. Después de 1 año de estira y afloje decidimos que lo mejor sería vivir juntos. En lo personal, me dió miedo. En lo general, también. Después de conocer bípedos despreciables como los que conocí en México, uno capaz de fingir un secuestro con tal de no volver a hablarme, bueno, pues se pueden imaginar que la burra no era arisca. A esto, súmenle el irme a vivir a una Ciudad que tiene 118 mil habitantes; lo que la Colonia Nápoles. Por ende, tranquilísima. Pues eso me ponía los pelos de punta y mil preguntas se amontonaban en mi cabeza ¿me podré integrar? ¿me van a entender mi alemán de mierda? ¿y si no se me dan mis chiles en mi jardín? ¿entenderán que poner los codos sobre la mesa es de mala educación? ¿dónde compraré mi Maseca? ¿Podré aprender alemán como para comunicarme en los 4 meses que tengo planeado? En fin, no paraba de pensar necedades. Total, lo peor que puede pasar es que me regrese a Berlín por algunas cosas y luego a México...ahora que lo pongo escrito no es tan fácil y suena macabro, pero bueno, es la opción. Y, después de mucho pensarlo el 6 de julio me mudé para acá con casi todas mis chivas.
Este post es sobre cómo llegué aquí, en el siguiente, les voy a dar una pequeña apreciación de esta peculiar Ciudad y de sus habitantes. Porqué son tan rudos y a la vez unidos por un equipo de fútbol que lo llevan en las entrañas llamado Schalke04.
Mientras tanto, hoy decidimos ir a andar en bici para que conozca mejor los alrededores. El bosquecito y otros parques nacionales que hay por acá, muy bonitos.
Les dejo una muestra de lo que me espera en mi jardín...esta es una vid que está dando uvas. No sabemos si son para vino o qué. Si nos da diarrea o si nos emborrachamos, ya les diré.

Tuesday, March 22, 2011

Mi nueva Ciudad de las Compras

Llevo dos semanas en la parte oeste de Alemania, o séase en NRW (Nordrhein Westphalia), específicamente en Bottrop. No es la parte más bella de Alemania pero tiene su encanto industrial. Aquí se extrae el carbón y el acero que se distribuye a toda Germania y a buena parte de Europa. Toda una zona industrial de la buena. Hombres duros, fuertes; mujeres con temple de acero, rudas. Aquí saben darle un valor al dinero muy distinto al del sur y a gastar con mesura. No vaya siendo que se venga otra Guerra Mundial y nos agarre desprevenidos.

Pero cuál fue mi sorpresa que, saliendo de la Estación Central de Essen, veo este maravilloso edificio, que es un hotel Movenpick, haciéndole honor a lo que podemos hacer horas sin parar...comprar. El anuncio reza, "Essen, la Ciudad de las Compras'.



Ay, bendito, finalmente, no está nada mal el venirme para acá...así es que ya saben, amigas, me pueden visitar sin dudarlo dos veces!